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mapa: Udaletxea kronologia: 1891-06-16

Protestamos

 

La Union Vascongada, 1891-06-14

 

        El acuerdo adoptado por nuestra Corporación municipal en su sesión última, declarando por 11 votos contra 7 que el conocimiento del vascuence no es circunstancia indispensable para obtener las plazas de celadores de arbitrios ha causado, como no podía menos de suceder, general sorpresa y dolorosa impresión en el vecindario.

        Varios colegas locales se han hecho eco de esta sorpresa e impresión desagradables, y han mostrado su opinión contraria al acuerdo mencionado.

        Nosotros unimos nuestra voz a la suya y protestamos, con todo el respeto debido, contra ese acuerdo que viene a abrir una brecha en el muro de nuestras tradiciones y recuerdos.

        Extraño es en verdad, que cuando la Diputación de Guipúzcoa exige a sus empleados el conocimiento del vascuence, y el Ayuntamiento de San Sebastián lleva este mismo criterio al Reglamento interior para el servicio de sus oficinas, se declare luego que no es circunstancia indispensable el poseer el idioma antiquísimo de Aitor para ejercer los cargos de celadores de arbitrios, cuando es evidentísimo que estos empleados han de vivir en relación íntima y continua con los habitantes de nuestra parte rural, y es fácil, facilísimo que una mala inteligencia, inevitable en muchos casos si el celador no entiende la lengua del que adeuda derechos ó viceversa, pueda dar lugar á más de un serio disgusto.

        Esto por la que hace al acuerdo, relacionándolo únicamente con el mejor servicio.

        Se dice, para excusar lo resuelto, que tampoco se exige el conocimiento del vascuence a los serenos y celadores de policía urbana. Pero esto no obsta. Un error no disculpa otro. Si, con manifiesta inconveniencia, se permite que sean nombrados serenos y celadoreres de policía urbana quienes no poseen el idioma del país, no debe hacerse extensiva esa inconveniencia a los nombramientos de celadores de arbitrios. Lo regular y lo puesto en razón era que se rectificase la conducta que se venía siguiendo, y se exigiera el conocimiento del vacuence a los individuos que quisieran ingresar en el cuerpo de policía.

        Y aun más censurable nos parece el acuerdo, si nos fijamos en las tradiciones patrias, y en lo que ellas exigen a quien quiera que su país no pierda su fisonomía propia y peculiar.

        Es ya axiomático que la manifestación más genuina de nuestro carácter étnico es el idioma. Si nosotros mismos dejamos que se pierda, entonces sí que podremos exclamar: ¡Agur, gure Euskal-erria!

        Y no nos mueve a hablar así ningún espíritu exclusivista. Por el contrario: la manera de que este espíritu exclusivista no germine ni se desarrolle, es satisfacer las aspiraciones justas y fundadas de los pueblos, y creemos que esta lo sea, por las razones que hemos aducido, y por otras muchas que pudiéramos aducir.

        ¿No se exige el conocimiento del vascuence á los Notarios de este país? ·No declaraba una orden de la Regencia en 1870, que los sacerdotes que se encargasen de la cura de almas en este país, debían poseer el idioma que en él se habla?

        Pues si esto hace el Gobierno central, ¿cuál no será la obligación de las corporaciones populares vascongadas?

        Así lo han entendido éstas por regla general. Ya hemos recordado la disposición de la Diputación de Guipúzcoa, la cual tiene establecido que, para ser empleado suyo, se debe saber el vascuence. El propio Ayuntamiento de San Sebastián, en diversas ocasiones, ha dado pruebas de inspirarse en el mismo criterio, y ahora mismo se exige el conocimiento del vascuence para la provisión de la plaza de médico de Igueldo.

        Pero acaso ¿es algo reñido con las corrientes de la civilización y de la cultura esto que nosotros pedimos, y su aceptaci˝n equivaldría a ponerse en desacuerdo con la conducta que observan otras Naciones, de cuyos adelantos se nos habla a cada momento?

        No por cierto. Aún las Naciones protestantes, como Inglaterra y Holanda, que niegan toda asignación, en la Metrópoli, al Clero católico, se la conceden al de su respectivo país en las colonias, á fin de asegurar en ellas la conservación de la lengua y de las tradiciones nacionales. El Gobierno holandés posee en Delft un establecimiento en donde se preparan todos los empleados que envía a sus posesiones de Oceanía, haciéndoles aprender, entre otras cosas, el idioma de los indígenas.

        Según lo dispuesto en la Coal Mine Regulation Act, de 1887, los ingenieros de minas destinados al distrito formado con los condados de Denbigh y Flint, en que se habla el welsh tienen obligación de conocer este idioma.

        En Diciembre de 1887 votaron las Cámaras belgas una ley, disponiendo que a partir de 1 de Enero de 1892, deben conocer el idioma flamenco los oficiales del Ejército que han de mandar soldados nacidos en las provincias de Flandes, Limburgo, Amberes y una parte del Brabante.

        Hasta en nuestra propia casa, en España mismo tenemos un ejemplo no muy antiguo que podemos invocar en apoyo de nuestra opinión. En los presupuestos de Filipinas para el ejercicio económico de 1888-89 se crea un cuerpo de intérpretes, como carrera administrativa, con ingreso por oposición, para auxiliar a los funcionarios peninsulares, especialmente en los tribunales de justicia, medida necesaria en un país donde existe tanta diversidad de idiomas.

        Si a pesar de todas estas razones intrínsecas y extrínsecas, nos empeñamos en desterrar el vascuence y le relegamos al olvido, no nos acreditaremos ciertamente ni de patriotas ni de amantes de la ciencia. Cuando la euskarología se extiende por Europa, y en Alemania se crean sociedades encargadas de difundirla, triste cosa es, y amarga sobremanera, pensar que los mismos que han aprendido en el regazo materno ese idioma, estudiado con afán por los sabios, sean los que con más desdén le traten, y no solo no se afanen por su conservación, sino que contribuyan a su desaparición de la isla filológica en que se habla.

        Si no se rectifica esta conducta, contra la cual protestamos con todo respeto, pero con toda energía también, entonces más o menos tarde llegar  el momento de exclamar con desolada angustia:

Euskal-erria eta Euskaldunak,

¡Ill ziran!

 

 

 

 

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