Gure euskara maitia
El Guipuzcoano, 1891-06-12
Ha sido por todo extremo dolorosa la impresión que en la ciudad ha causado la nota discordante del Ayuntamiento, acordando que no sea condición necesaria el conocimiento del vascuence para el desempeño de los cargos municipales, precisamente en los empleos que más se impone esta condición, como los de sereno, celadores niunicipales y sobre todo de arbitrios.
Sin el justificado clamoreo que esta medida ha levantado en la opinión, nosotros, a quienes podrán igualar si acaso, mas no aventajar en amor a las cosas de esta tierra, hubiéramos aguardado a que la reflexión hiciera desistir a la corporación de un acuerdo tan descabellado, a fin de que no se dijera que una sistemática oposición guía nuestros actos, pero habiéndose ocupado de ello una parte de la prensa, creeríamos hacernos cómplices con nuestro silencio de un atentado tan manifiesto a nuestra lengua euskara.
Cuando el renacimiento de los idiomas regionales se muestra con el vigor y 1a pujanza de que están dando muestras las provincias valencianas, catalanas y gallegas sin tener el motivo y las singularidades del vascuence, y vemos el amor y el cuidado que esas provincias ponen en conservar y propagar su habla nativa, causa verdadera pena ver que los vascongados que con el grandioso lema de «Jaungoikoa ta gure lege zarrak» han llevado a cabo en todos los siglos proezas sin ejemplo, no solamente abandonan la protección a su hermosa lengua, sino que son sus propios hijos los que desde las corporaciones proclaman que no es necesaria y ni siquiera digna de que sea exigida al modesto empleado que ha de desempeñar su cargo en una ciudad de la Euskal-erria.
Esos concejales oyen desde que se levantan hasta que se acuestan en el seno de sus familias el vascuence y precisamente, ¿es en la casa del pueblo, donde más debieran tenerle presente, donde dictan dispoposiciones para procurar su desaparición?
Quizás la frecuencia con que estos últimos años se prescinde de los hijos del país para desempeñar los cargos concejiles sea causa de que la influencia forastera se deje sentir en la Casa Consistorial.
El resultado de la votación así nos lo deja entrever.
El instinto de conservación en todas las cosas hace que procuremos guardar aquello que hemos heredado, pero parece que nosotros vamos contrariando las leyes de la naturaleza, en cuanto atañe á lo que nos interesa.
Notabilidades filológicas extranjeras se han ocupado en todo tiempo con gran elogio de la lengua vascongada y de su reconocida importancia.
No vamos en este sitio a hacer disquisiciones sobre el particular, pero no dejaremos de mencionar el triste contraste entre los sabios extranjeros que suponen al vascuence reconocida utilidad, y los encargados de dirigir en el país la cosa pública, que no se la conceden.
Por nuestra parte no podemos por menos de protestar de semejante conducta y de excitar el celo del Consistorio de juegos florales euskaros, encargado del renacimiento de nuestra literatura, para que con la competencia que le reconocemos en este asunto, tome las disposiciones que crea más convenientes para evitar el que prospere una resolución que tanto daño ha de causar á la lengua de nuestros antepasados.